Waldemar Rial, el "Rancho" de Goes.

Waldemar Rial Ferrari nació en 1940 en Paso de los Toros, Tacuarembó. A los seis años se vino a Montevideo con su familia y, casi sin darse cuenta, se vinculó a Goes. Jugó diez años en la Selección, participó de dos Olimpíadas y ocupó la presidencia de su Club impulsando la colocación del techo y el piso de la sede.
La cita fue un lunes tempranito, al comienzo de las vacaciones de invierno. “Cuánto más temprano mejor”, me dijo, porque yo cuido a mi nieta y así podemos conversar antes de que se despierte”. Ya instalados para la nota pude ver dos detalles que, de alguna forma, me sorprendieron. El televisor estaba encendido y allí podía verse un partido de básquetbol jugado en la noche anterior. En una mesa ratona, frente al sillón donde nos ubicamos, una laptop evidenciaba que Waldemar, a sus 71 años, se maneja sin dificultades con esa tecnología. Es más, desestimó dar algunos datos porque “seguramente usted ya los vio en Internet”, me dijo. Sin ocultar su acierto, comencé preguntándole en que momento se radicó en Montevideo.

Cuando yo tenía seis años mis padres se vinieron a Montevideo y acá hice la escuela. A los trece años empecé a ir a Goes, vivíamos en Libres y Rocha a tres cuadras de donde estaba el club. En aquella época estaba en Guaviyú y Libres, frente al Mercado, por eso nos decían “los del Mercado”, ahora le dicen así a los de Montevideo, pero el original es Goes. Actualmente ahí hay una canchita de fútbol. Después en 1957 se hizo la cancha en la calle Vilardebó, donde está ahora.
Empezó siendo casi un niño – le comento.
Sí y jugué en menores un solo año porque enseguida me pasaron al primero. Debuté en un partido contra el cuadro de Moglia (dice refiriéndose a Welcome), con la cancha llena de gente. Ahí tenía 16 años y ese día tenía un dolor bárbaro en una pierna, pero eso no lo sabe casi nadie. Entonces me cuenta:
Una semana antes, jugando al fútbol en la calle, me habían dado una bruta patada en la canilla y me dolía bastante. Ese partido perdimos como por quince tantos. Pero ya quedé en primera. Nos dirigía Bernardo Larre Borges, el mismo que me había dirigido en menores y en juveniles y del que tengo recuerdos muy lindos porque nos hicimos amigos hasta que él falleció. Ese año que debuté en primera era la temporada 1956. Goes había descendido en 1954, subió al año siguiente y me tocó jugar cuando había vuelto a primera. Ese año terminamos en la mitad de la tabla. Junto conmigo Bernardo subió a una cantidad de muchachos que veníamos de menores y juveniles, me acuerdo de Jorge Mautone, de Ernesto Roca, que después fueron titulares en las grandes conquistas de Goes.
Todos eran de la cantera del Club
Claro, en aquella época era todo “recontra” amateur y no había otra. Si alguien se iba del club no le hablaba nadie, le decían de todo. Pero aparte de eso había un cariño por el cuadro. En la temporada del 57 que terminó en el 58 ya terminamos quintos o sextos, no recuerdo bien. Y en el 58 y 59 salimos campeones con algunos juveniles entre los que estaban Roca, Mautone y yo que veníamos de juveniles, al igual que otros muchachos que no eran titulares pero que estaban ahí. Eran suplentes pero en aquella época había que jugar los cuarenta minutos y sólo se salía por faltas o por una lesión. Era muy difícil que hubiera cambios, salvo que estuvieras jugando muy mal. Además Bernardo no era muy partidario de los cambios, y como nos tenía una confianza muy grande esperaba que el jugador, si andaba mal, reaccionara. Si habrá cambiado el básquetbol que ahora acá sólo a los americanos los hacen jugar todo el partido y a veces también los sacan.
Y al año siguiente también fueron primeros.
Sí, cuando salimos campeones en la temporada del 58, que terminó en el 59, fue con un famoso partido que hubo en el Palacio Peñarol contra Welcome, que era el capo de la década. Welcome era Moglia –aclara. Los demás muchachos eran buenos, pero la diferencia la hacía él. Bueno, a esa final llegamos los dos con la misma cantidad de puntos. Fíjese que aquellos campeonatos eran de 30 partidos, todos contra todos, locatario y visitante. Fue una cosa impresionante la cantidad de gente que había, y les ganamos 60 a 56, en un primer tiempo brillante de Goes y un segundo tiempo en el que aguantamos como se pudo. Ahí sí entraron un montón de suplentes porque salimos unos cuantos por faltas, que en aquel momento eran cuatro y no cinco como ahora. En el 59 ya ganamos con luz el campeonato, en parte porque Moglia no jugó, mire si sería grande. Fue el mejor jugador uruguayo de todas las épocas, sin ninguna duda, y muy buena persona además. Bueno, le decía que en el 59 ganamos con luz, ese fue el año de las inundaciones y como había que racionar la luz, se jugó en dos series y de tarde, no se podía jugar de noche. Después creo que quedaron ocho cuadros, no recuerdo bien, y las finales sí se jugaron de noche porque ya no había tantas restricciones. Entonces ganamos jugando contra esos ocho equipos y por dos o tres puntos, con el mismo cuadro de 1958 pero sin tener a Moglia adelante - comenta risueño.
¿Cuando comienza su vinculación con la selección?
Fue a principios de 1959. Me designaron para integrar el equipo que iba a participar a un campeonato en Chile. Pero no pude porque ir porque para la ficha médica me hicieron un electro cardiograma, que en aquella época sólo se lo hacían a los deportistas, y me encontraron un problema que al final, en definitiva es de nacimiento, lo tengo hasta el día de hoy. Era una malformación de una válvula algo que no tiene importancia, después de eso jugué 20 años más, así que imagínese. El tema es que empezaron a hacerme análisis, estudios y se fue el tiempo y no pude viajar. Fue Alvarito Roca en mi lugar. La ficha me la dieron igual como al mes, porque llegaron a la conclusión que no me afectaba en nada.
Me imagino la bronca por no poder participar.
Si, pero al año siguiente se hizo un Sudamericano en Córdoba y pude ir. En esa ocasión participó Moglia, que ya
se había recuperado y fue el último campeonato que jugó en la Selección. Después ya no pudo porque tenía problemas en la rodilla, también tenía problemas en el hígado. En ese campeonato jugamos la final con Brasil, una final muy recordada durante mucho tiempo porque perdimos en un alargue. Recuerdo que Moglia hizo 43 tantos él sólo, en una época que no había triples. Igual perdimos por un doble y con dos jugadas muy dudosas. Un juez chileno no cobró un “doble dribling” de “Mosquito” un brasileño que en realidad no tuvo la intención de hacerlo. El tema es que la cancha la habían armado al costado en un estadio de fútbol para este campeonato. Entonces las tablas, que eran más anchas, no estaban del todo bien y ahí se dio esa jugada que de todas formas fue doble dribling, porque la pelota le picó mal, se le escapaba y la volvió a agarrar. Perdimos y se armó un lío tremendo, no de trompadas, pero sí en la Federación.
Y después siguió jugando en la selección
Sí, quedé como cinco años en la selección. El mismo año del campeonato en Córdoba fuimos a las Olimpíadas de Roma en las que salimos octavos. Después participé en varios Sudamericanos y Mundiales y en 1964 fui a las Olimpíadas de Japón, y también entramos octavos, algo impensable hoy en día.
¿Porqué impensable?
A mi me parece muy difícil, salvo aquel cuadro de 1986 de (Carlos) Peinado, (Heber) Núñez, y todos esos que entraron sextos y fue una hazaña, claro que esa vez no participó la Unión Soviética. Salvo esa vez creo que Uruguay no fue más a las Olimpíadas, porque ya se pierde en los pre-olímpicos. A nosotros se nos facilitó la ida a Japón porque los ocho primeros de Roma iban directamente a la siguiente olimpíada, por eso fuimos. En Japón también fuimos octavos pero ahí cambió el régimen y adiós.
Su relato está cargado de pasión pero su hablar pausado casi le quita trascendencia a sus logros. Rial jugó con los mejores, viajó representando a la Selección muchísimas veces, participó en dos Olimpíadas y todo eso aparece como anécdotas de un uruguayo común. Le pregunto entonces como se sintió al dejar el deporte y me cuenta:
Yo había dejado de jugar en Goes unos tres años, por problemas personales. Cuando volví jugué hasta 1973, ese año bajamos a segunda y ahí sí me retiré, tenía 33 años –aclara.
Mientras era jugador, ¿en qué trabajaba?
Tenía dos trabajos. De tarde trabajaba en un banco que hoy en día no existe, se llamaba Banco del Trabajo Ítalo Americano, después pasó a llamarse Sociedad de Bancos, se fundió y entré en el Banco República. De mañana tenía otros empleos, trabajé en Barraca Deambrosi, en Primo Zucotti, y también por mi cuenta vendiendo ropa.
¿Cuando entrenaba?
De noche o de mañana. Cuando empecé a jugar en el primero practicaba mucho de mañana porque tenía tiempo, era soltero.
¿Al dejar el básquetbol activo ya se vinculó como dirigente?
No, no fue inmediatamente. Cuando dejé a los treinta y tres años fui a jugar a Larre Borges con los veteranos, para despuntar el vicio, pero terminé jugando en el primero y subimos de tercera a segunda. Ahí jugué unos cuatro años. Después seguí jugando hasta los 47 años en veteranos. En ese momento el médico me dijo que aquel problema de corazón, si bien no era nada, ahora podía generar alguna dificultad. Además uno en veteranos va directamente a los partidos y, como quiere ganar, corre los 40 minutos sin entrenamiento y es un peligro. Ahí si no jugué más. Para llegar a dirigente fue distinto. Recién en el 2003 empecé a arrimarme a Goes otra vez porque el club andaba “como la mona”. El presidente de aquel momento, (Walter) Lespada, que falleció hace poco, nos llamó a mí y a dos o tres más para ver si le dábamos una mano porque estaba muy solo. Al final él se fue y en el 2004 agarramos nosotros porque no había nadie más.
¿Cómo estaba el club?
Era un desastre, la cancha era abierta, las tribunas estaban llenas de pasto. Estaba para cerrar. Y ahí agarré la
presidencia con el Dr. Lorenzo, padre del actual Ministro de Economía, como vice. Lo primero que tuvimos que hacer fue tratar de poder cerrar la cancha, porque se exigía que estuvieran cerradas. Y se hizo el techo, con esfuerzo de todo el mundo. Goes tiene una hinchada muy grande. Pero la cosa empezó con un muchacho que había jugado conmigo en juveniles y, como es judío, se había ido a Israel y había hecho mucho dinero. Un día que vino de visita fui a verlo y me dijo que iba a organizar una colecta entre amigos uruguayos que vivían en Israel y entre los que había un montón de hinchas de Goes. Y resultó que juntaron diez mil dólares algo impensado para nosotros. Con eso fuimos al Ministerio de Transporte que nos dio una mano y pico. Además empezamos a vender metros cuadrados de techo entre la hinchada y juntamos un montón de plata. Así se pudo hacer el techo que costó como ochenta mil dólares, que en aquel momento era un platal.
Con el aporte de todos los hinchas
Sí, pero fue fundamental el apoyo del Ministerio de Transporte, no me quiero olvidar de esa gente. Al principio el Ministro era (Lucio) Cáceres que nos dio la fecha como para empezar los trámites y lo seguimos con Pais que incluso nos aumentó el aporte del Ministerio. Él estuvo poco tiempo, al final de ese período de gobierno, pero en esos dos o tres meses nos dio una mano brutal. El otro que nos dio una gran mano fue (Víctor) el "Toto" Rossi, que había sido compañero mío de trabajo. Con ese aporte, que era la mitad de lo que necesitábamos, más la otra mitad que habíamos conseguido nosotros, pudimos casi terminar el techo. Después con un poquito más de esfuerzo se terminó de cerrar.
Todavía faltaba el piso.
Ah bueno, para eso se hizo una comida que organizamos con gente que sabíamos que podía poner algo de plata y con mil dólares que aportó cada uno pudimos poner el piso que se necesitaba.
Entonces tiene buenos recuerdos de su pasaje como dirigente, lograron poner el techo y el piso del club.
Por supuesto, más que buenos, es como lograr la casa propia – dice riéndose con orgullo. Pero además me quedó una gran amistad con todos los que trabajaron en ese momento junto conmigo que hasta ese momento nos conocíamos poco con algunos. Incluso había muchachos muy jóvenes, pero con todos hicimos una amistad de “fierro”.
¿Qué pasó con los espectáculos de carnaval?
Lo hicimos un año, pero nos fue mal porque la acústica cambió mucho con el techo y no se entendía lo que decían las murgas. La solución era sacar parte de las chapas pero era muy complicado y tuvimos que renunciar al carnaval. Por suerte con la publicidad igual no perdimos plata, salimos empatados. Y ahí ya me retiré por cuestiones personales.
En ese momento mira hacia la puerta de un dormitorio. Allí, de pie, está su nieta, parada, con un brazo se tapa la cara, estudia el panorama y desaparece. El la llama con la ternura propia de un abuelo, pero ella decidió no participar del encuentro. Entonces retomamos la charla.
Usted mencionó en distintos momentos a Moglia, ¿piensa que sería un jugador destacado aún en esta época?
Mire, si hoy jugara, Moglia sería igual un fenómeno. El talento que tenía era increíble. No son sólo los 43 tantos que yo le contaba que le hizo a Brasil, también la forma cómo pasaba la pelota, era una cosa increíble. Los pases los veía únicamente él, y de pronto dejaba a uno solo para el gol. Hacía jugar a todo el mundo. Yo pienso que con el talento que tenía, hubiera sobresalido igual, en cualquier época.
¿Cómo ha visto la evolución del básquetbol internacional?
Es mucho más físico, es impresionante cómo entrenan los jugadores. Cambió todo, yo medía 1,92 y era grande y ahora con esa altura no se es grande para jugar al básquetbol. Hoy tendría que jugar de base o de alero, y yo jugaba de lo que actualmente se llama “el cuatro”.
¿Usted era goleador?
Hacía goles sí, pasaba también y defendía, defendía mucho.
¿Larre Borges fue “él” técnico para usted?
Sin duda, además estuvo muchos años. Tuve a (Raúl) Ballefín en la selección todos esos años y lo quiero
muchísimo también, pero el que me enseño todo fue Bernardo. Me enseñó a picar, a pasar, a defender. Uno siempre pone lo que es de uno, por algo algunos se destacan más que otros a los que se les enseña lo mismo.
¿Qué le dejó el básquetbol?
De plata nada – dice jocoso, y agrega – pero de amigos una fortuna. No puedo nombrar a nadie porque sería injusto con una cantidad. Además nunca tuve problemas con nadie, así de quedar enemistado con alguien a raíz del deporte, nunca. Cada cuadro tenía como una familia y uno se veía con todos, veía a toda la gente siempre, era distinto a como es ahora.
¿Cómo surge la rivalidad con Aguada?
Uhh, no sé, eso viene de antes. Primero que nada Goes salió de Aguada, con gente que estaba desconforme con el club, y que formaron otro equipo. Esa fue una de las causas, obviamente no eran todos hinchas de Aguada. Y la rivalidad es por el barrio. Se han desnaturalizado mucho las cosas y hay gente que se hace enemigos no por los clubes, sino por problemas personales o de barras. El problema de la droga influyó mucho. Antes había una rivalidad sana, eso sí, no había reconciliación, en el sentido de que había que ganar siempre. Líos se armaban igual que ahora, pero si pasaba eso se arreglaba a las trompadas, ahora te esperan afuera con un revólver o un cuchillo y te liquidan, es peligrosísimo. Ha cambiado la convivencia, no solamente en el básquetbol.
¿Cambiaron los dirigentes, también?
Posiblemente, hay muchos que son jugadores de la época mía. El caso de (Leonardo) Reinaldo en Tabaré, (Mario) Viola en Aguada, (Rodolfo) Kaminietzky en Hebraica que si bien es más joven, llegamos a jugar en una época. Pero yo pienso que los contratistas encarecen las cosas. Mire que yo reconozco que hay que defender al jugador, que es el que da el espectáculo. Y hoy en día el jugador vive del básquetbol porque vive para el básquetbol también, están obligados a practicar todas las veces que les dicen y en los horarios que les fijan. Es un empleo y hay que pagarles porque tienen que vivir. Eso es un cambio, la exigencia es mucho mayor y se nota en los físicos. Usted ve un jugador de básquetbol y todos tienen músculos en los brazos, antes no era tan así. Como tienen tanto tiempo para entrenar se preocupan mucho de la parte física, para saltar más… Pero a lo que iba es que todo ese profesionalismo a los clubes los condiciona muchísimo.
Imagino que el aspecto económico es siempre un dolor de cabeza para los dirigentes. Usted lo vivió.
Es que la parte económica es fundamental, sobre todo para clubes de barrios pobres como Goes, como Aguada. Si no hay gente que ponga plata, es muy difícil, porque los avisos que están en las camisetas dan para medio mes o un mes de presupuesto y después a lucharla. Es muy difícil –reafirma. Y si el cuadro no gana, los que ponen dinero ya no quieren hacerlo. Es muy complicado, sobre todo cuando los presupuestos son tan justos. Hay cuadros que tienen más entradas de dinero, como los cuadros de la costa. Pero hoy en día es muy difícil para un dirigente conseguir una estabilidad para el cuadro. Los que están siempre en primera, son los que tienen otro tipo de entradas, más socios, otras actividades y da la casualidad que son los que están en la costa, donde está el mayor poder adquisitivo.
¿No piensa volver a la dirigencia?
Por ahora no, pero no quita que dentro de un tiempo…- deja la frase inconclusa, como pensando la posibilidad, pero agrega: por ahora estoy cuidando mi salud.
¿Como ve al básquetbol uruguayo de hoy?
Se juega distinto, las reglas son distintas. Se juega mucho más con la parte física, es más previsible… ¿porqué le
digo que es más previsible? – duda, busca las palabras correctas para expresar lo que piensa y continúa - los partidos son todos parecidos todos, más allá de que en algunos se dan diferencias muy grandes. Lo distinto está en la calidad o la intensidad de algunos jugadores, pero se ataca más o menos igual, se defiende más o menos de la misma forma, pero sigue siendo emocionante. Lo que también influye es el tema de los cambios en un mismo partido. Los técnicos tienen que poner a jugadores de menor nivel para darle descanso a los mejores, y entonces el otro cuadro empareja o lo pasa. Difícilmente un jugador importante salga por cinco faltas, antes era muy común. Ahora si el jugador tiene dos faltas en el primer cuarto ya lo sacan, así sea el mejor jugador del equipo.
¿Cambió mucho el tener a varios jueces en la cancha?
Seguro, porque creo que ven más, y son mejores que antes, por más que algunos colegas suyos los critican mucho. Es difícil, es un deporte muy rápido y es lógico que tengan errores. Pero son tres, yo creo que es más seguro el arbitraje ahora que antes y en general no inciden en el resultado de los partidos.
¿Qué otras cosas han cambiado?
Cambió la regla del doble dribling y del caminar. Ahora se pica así (y hace el gesto como si tuviera una pelota imaginaria y la hiciera girar desde arriba). Eso antes era doble dribling, había que picar así (nuevamente muestra como si picara recto, desde la mano al piso). Otro tema es el de los tres segundos, ¿usted lo conoce? Porque hoy casi nadie lo conoce. Los jugadores más grandes se paran abajo del aro y, si el que lo marca es más chiquito, se quedan esperando que se la pasen, se acabó el pitido de los tres segundos. Antes no se podía, eran tres segundos estrictos, había que pasar casi corriendo por el área – comenta riéndose. Otra cosa que antes no se podía era ponerse a forcejear con la pelota abajo del aro.
¿También tuvo su etapa como técnico?
Ah, sí. Dirigí al club Albatros, y a Sayago donde viví una etapa muy linda. Pero tuve que dejar porque me iba a morir de los nervios.
¿Es más difícil dirigir que jugar?
Mucho más difícil – dice enfático. Es mayor el compromiso, además en esa época el único que cobraba era el técnico y como los jugadores eran amateur el compromiso de ellos no era el mismo. Usted tiene que poner a los mejores, pero si entre los mejores uno es indisciplinado o al menos indolente y no viene a practicar, el técnico puede hacer muy poco. En ese sentido mejoró mucho porque al ser profesionales si no van a practicar les ponen una multa.
¿Está conforme con la vida que ha tenido vinculada al deporte?
Sí, sí, muy conforme. La verdad que ha sido la columna vertebral de mi vida, sin quererlo porque fui por seguir a
los gurises del barrio y después terminé…
No concluye la frase porque me señala una jugada del partido que sigue mostrando el televisor. “Eso en mi época no se veía”, comenta. “Las hundidas eran una cosa que les veíamos hacer a los americanos cuando íbamos por ahí”. Pienso que esa frase quedó inconclusa porque su modestia le impide mostrarse en toda su dimensión. Waldemar, el “Rancho” Rial fue y es uno de esos crack que tenemos medio olvidados. No quise insistir y antes de irme le pregunté por su relación con el periodismo deportivo. Su respuesta, sin ser extensa fue, una vez más, elocuente:
Con el periodismo siempre me llevé bien, tuve buenas críticas y alguna de las otras, pero las broncas siempre me las guardé.

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